LA INSPIRACIÓN DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS

 

 

Definición

 

«Toda la Escritura es inspirada por Dios...», de­clara Pablo (2 Ti. 3:16). La frase «inspirada por Dios» quiere decir que tiene el «soplo de Dios». De la forma en que este soplo divino dio vida a Adán, así también da valor y vida a escritos que, de otra manera, estarían muertos.

 

Inspiración de los mensajeros

 

Los profetas tenían la seguridad de que Dios hablaba por medio de ellos, y de que sus mensajes eran la «Palabra de Dios». Frases como «Habló Dios a Moisés...» se hallan constantemen­te a través de los libros del Éxodo al Deuteronomio. «Y fue a mí palabra de Jehová...», dice Ezequiel para introducir los oráculos del Señor; y hallamos frases análogas en Jeremías: «Palabra de Dios que fue a Jeremías profeta...» (Ez. 12:1, etc. Jer. 46:1, etc.). David también describe la manera en que la Palabra del Señor le vino, en 2 Samuel 23:2 y 3.

El Señor mismo llevaba las escrituras de los profetas en Su memoria y en Su corazón, y apelaba constantemente a ellas como autoridad máxima para la solución de las más graves cues­tiones. De tal forma se enlaza la autoridad del Antiguo Testamento con la suya propia, que es imposible atacar las Escrituras sin ir contra la autoridad del VERBO ETERNO HECHO CAR­NE, quien vino del Cielo para declarar a Dios y dar a conocer tanto Su pensamiento como Su co­razón de amor (Mr. 12:36, 14:27; Le. 24:44; Jn. 5:39, 46, etc.).

Los apóstoles, escogidos por el Señor para proclamar con toda autoridad la doctrina cristia­na, también apelaban constantemente a las pro­fecías y demás escritos del Antiguo Testamento, y enseñaban que los autores eran inspirados por Dios (1 Ped. 1:10-12; 2 Ped. 1:19-21). Así que la inspi­ración y la divina autoridad del Antiguo Testa­mento forman parte de la «Fe que ha sido una vez dada a los santos» (Jud. 3).

 

Inspiración de los Escritos

 

Los inspirados mensajes orales de los profetas se pusieron por escrito por mandato y providen­cia de Dios, así que los documentos también son inspirados, y son éstos que el Señor y los após­toles tenían delante al hacer las declaraciones que hemos anotado. Hay una clara descripción de la manera en que los mensajes fueron escritos en Jeremías 36:1-2 y 32. También los libros histó­ricos se relacionan con la autoridad de los profe­tas, según vemos en 1 Samuel 10:25, 1 Cróni­cas 29:29, etcétera.

 

La inspiración del Nuevo Testamento

 

La fuente de toda autoridad y de toda verdad se halla en el VERBO ENCARNADO. Él comisio­nó a los apóstoles y les hizo depositarios de la verdad en cuanto a Su Persona, obra y enseñan­za, de modo que su autoridad apostólica se deri­va de la del Señor mismo. Les indicó que la reve­lación tenía que completarse y les prometió el Espíritu para guiarles a toda verdad. Así que, an­ticipadamente, garantizó la inspiración del Nue­vo Testamento. Los apóstoles sabían que Dios ha­blaba por medio de ellos, y esperaban que los creyentes obedeciesen Sus mandatos (1 Co. 2:13; 1 P. 1:12; 2 Ts. 3:14; Jn. 14:26, 16:12 y 13, etc.).

 

El método de la inspiración

 

Éste no es mecánico, como quien escribe a má­quina, sino vital, como el de un director de una orquesta que produce los efectos que quiere de la totalidad de ella, respetando siempre las dotes especiales de cada músico. Así, en las Escrituras, la personalidad del autor humano no se aniquila, y el Espíritu aprovecha el carácter y los conoci­mientos de cada uno, como también las circuns­tancias en las que los escritos se produjeron.